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¿Conoces el mindfulness para niños?
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El mindfulness abarca una serie de técnicas de relajación que ayudan a las personas a mantenerse concentrados o enfocados en una cosa a la vez. En este artículo encontrarás qué beneficios trae el mindfulness para los niños y qué técnicas pueden emplearse para practicarlo. Indispensable: los padres siempre deben estar al lado de sus hijos para guiarlos en este mundo nuevo.

En un comienzo se pensó que los ejercicios para mantener el foco eran cosa exclusiva de adultos. No obstante, estudios recientes han demostrado que el mindfulness puede ser practicado también por niños.

Los orígenes del mindfulness

 

El descubrimiento del mindfulness data de algún tiempo atrás. Esta terapia nace al inicio de los ochenta, cuando el médico y experto biomolecular Jon Kabat-Zinn crea un tratamiento para combatir las enfermedades crónicas producidas por el estrés.

Lo notorio de la terapia desarrollada por Kabat Zinn es que la misma integra técnicas de meditación budista y el conocimiento sobre el comportamiento cerebral de las ciencias modernas.

Recordemos que, al comienzo, los niños no se diferencian a sí mismos de su entorno. Es decir, no tienen conciencia del ‘yo’. La traducción más exacta del término mindfulness al español es ‘conciencia plena’, precisamente esto es lo que es terapia busca estimular en los más pequeños.

Al saber en dónde termina él o ella y a partir de qué punto comienza el entorno, los niños son más capaces de proyectar su interioridad adecuadamente y así su capacidad para comunicarse y para resolver problemas complejos aumenta.

Beneficios del mindfulness en la infancia

El mindfulness en la infancia procura que niños puedan desarrollar al máximo los sentidos ‘menores’ o ‘secundarios’, como lo son: el olfato, el gusto, el tacto y el oído. El sentido de la vista también se puede ejercitar, pues es necesario que el pequeño identifique los objetos en su entorno.

Hay que evitar sobre todo darle una connotación negativa o positiva a las cosas, al momento de practicar esta disciplina. Al iniciado en el mindfulness se le pide que describa sensaciones y objetos, no que los clasifique desde un punto de vista moral (“esto es bueno” o “aquello es malo”).

Lo importante es que el niño no se cohíba o suprima su curiosidad natural de conocer y su creatividad, por temor a infringir una norma social en el camino a descubrirse a sí mismo.

Mindfulness para niños autistas

El TEA o Trastorno del Espectro Autista es una enfermedad que produce en el individuo que lo padece un ensimismamiento progresivo. Como resultado de esto, la persona con autismo tiene problemas para desarrollar habilidades sociales. El mindfulness, como terapia que busca mantener al niño enfocado en su entorno, ha demostrado tener múltiples beneficios en los pacientes jóvenes con autismo.

Al ayudarlos a enfocarse en el mundo externo, los pequeños con autismo que han practicado mindfulness adquieren un mayor número de herramientas comunicativas para romper el muro que los excluye de la sociedad, de aquí que logren expresar mejor sus deseos e intenciones.

Aplicando las técnicas de relajación adecuadas, el infante con autismo puede además reducir el estrés provocado por la sobresaturación de estímulos provenientes de afuera.

Mindfulness para niños con TDAH

El TDAH o Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad afecta a un porcentaje significativo de la población infantil mundial. La sintomatología de esta enfermedad abarca, como su nombre lo indica, bajos niveles de concentración por parte de los niños que la padecen. La sobreactividad es otra de las causas de la poca atención en los pacientes con TDAH.

El mindfulness aporta al público infantil con Trastorno de Déficit de Atención ejercicios que ayudan a mejorar las habilidades motrices del niño. Sesiones completas dedicadas a aprender y a practicar ejercicios de respiración, masajes en los pies y acupresión en distintas zonas neurálgicas le permiten al infante tener mayor control sobre su cuerpo y conciencia de sus actos.

No en pocas ocasiones los niños con TDAH que han asistido a esta terapia han manifestado sentirse más tranquilos, gracias a que pueden controlar sus impulsos con mayor facilidad, redirigiendo sus energías.

Mindfulness para niños con ansiedad

A veces los padres olvidan que los niños tienen procesos y métodos distintos para interiorizar las situaciones a las que se enfrentan. Para que un pequeño se acerque al aprendizaje es necesario acudir a las herramientas didácticas adecuadas, como juegos o dinámicas que impliquen movimiento corporal.

Ignorar lo anterior y exigirle a tu hijo que se comporte como un adulto puede provocarle altos niveles de estrés e incluso ansiedad, lo que puede propiciar traumas psicológicos, entre otras secuelas.

El mindfulness capacita a los niños que sufren o que han sufrido de ansiedad en el pasado para que puedan entrar en un estado de relajación propicio para el reposo de la mente.

Por otro lado, la meditación le permite al niño concentrarse en lo que resulta realmente importante y atrayente para él. Esto no es poca cosa: gracias a los ejercicios de interiorización, el niño desarrolla una personalidad fuerte y equilibrada, lo que le dará mayor estabilidad emocional en la adolescencia y la edad adulta.

Ejercicios de mindfulness para niños

El mindfulness para niños abarca una amplia variedad de actividades, entre las que se pueden encontrar:

  • Ejercicios de relajación muscular.
  • Activamiento por medio de acupresión.
  • Ejercicios de respiración.
  • Giro en posición supina.
  • Masajes en los pies y palmas de las manos.
  • Meditación.

Moldear positivamente la mente de los niños es una tarea que el profesional en psicología y terapia infantil debe llevar a cabo de la mano de los padres, por eso es fundamental que los progenitores asistan juntos con sus hijos a la terapia.

Recuerda que los pequeños conciben en sus padres un modelo a seguir, por lo que siempre se sentirán más estimulados a iniciar nuevas actividades si están juntos a estos.

El árbol de las preocupaciones

Una anécdota de la psicología reflexiva cuenta que una vez un carpintero fue contratado por un eminente comerciante para restaurar el hogar de este. El primer día de la renovación, el carpintero se cruzó con una nube de contratiempos, a pesar de lo cual el restaurador decidió, al final de la jornada, invitar al comerciante a cenar en su casa.

El hombre rico montó al artesano en su coche y lo condujo hasta su hogar; una humilde casita ubicada junto a un escueto árbol, a las afueras del pueblo. Justo antes de entrar a la casa, el contrariado carpintero se detuvo cabe al árbol y acarició por un momento su tronco. Luego ambos, patrón y empleado, entraron a la vivienda.

Ya dentro, el carpintero saludó a sus hijos y a su mujer, y en medio de risas y alegrías la cena transcurrió muy amenamente. Concluida la velada, el carpintero acompañó al comerciante de camino a su coche, en el transcurso este observó el árbol y le preguntó al maderero: “¿Qué hay de singular en este árbol, que te hizo mejorar tu humor tan repentinamente?”.

El carpintero volvió a acariciar el grueso tronco y luego respondió: “Es mi árbol de las preocupaciones. Antes de entrar a mi casa siempre me detengo junto a él, lo toco y dejo mis preocupaciones aquí, para poder seguir adelante libre de pensamientos negativos. Me hace bien”.

A pesar de que no podemos tener un árbol de las preocupaciones en la realidad, lo que sí se nos presenta como una posibilidad es realizar ejercicios para despejar la mente y de esta manera poder afrontar nuestro día a día con mejor actitud. Esto es precisamente lo que el mindfulness le ofrece a tus hijos, no lo desaproveches.

Ahora que ya estás al tanto de todas las ventajas que el mindfulness te trae, anímate a introducir a tus hijos en esta interesante práctica. Con algo de paciencia y constancia tu pequeño logrará desarrollar su percepción y sus sentidos como nunca antes. 

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