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Educación en valores para niños
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Educación en valores para los jóvenes

La mejor manera de mantener y promover la armonía de la familia y la crianza de los niños consiste en reducir tanto como sea posible el número de reglas bajo las cuales se regula su conducta. Y esto supone, sobre todo, la presencia efectiva de auténticos modelos educativos en los adultos del hogar: alguien a imitar que los estimule para alcanzar el objetivo de la educación, que es el ejercicio de la libertad y la voluntad de participar en lo que es bueno, noble y justo.

Los niños tienden a imitar las actitudes de los adultos, especialmente aquellos que respetan o admiran. En concreto, no pierden de vista a sus padres, especialmente en los primeros años. La educación no consiste en acumular conocimientos, sino más bien en ayudar a desarrollar armónicamente las dimensiones que componen a la persona.

La Educación en Valores es un proceso que permite a los pequeños construir con autonomía su escala de valores. Sus mecanismos cognitivos y afectivos que les permita convivir en armonía y comprensión con el resto de la sociedad. Cuando se han trabajado las dimensiones morales del niño, desarrolla equidad y empatía, y sabrá, gracias a su aprendizaje, como actuar en situaciones confusas o conflictivas. De hecho, una sólida formación moral trasciende la situación personal o social, porque la autonomía personal y valores nunca dependerán de las circunstancias externas.

La educación infantil en valores según Montessori

Maria Montessori (1870-1952), fundadora de pedagogía moderna, publica a principios del siglo XX el libro donde enumera sus principios educativos. El método Montessori se centra en el respeto a la espontaneidad del niño y es la primera en ofrecer una educación era autoritaria alternativa. Para la autora, un niño muestra sus aptitudes cuando se le concede espacio y libertad para expresarse, no cuando se fuerza la formación mediante patrones o disciplina recibida desde el exterior.

Sólo de esta manera el niño aprende a regularse a sí mismo. De hecho, de acuerdo con el método, el niño por su naturaleza es serio, disciplinado y amante del orden y, si se pone a su alcance el material pedagógico apropiado, junto con la discreta guía del educador, será capaz de educarse a sí mismo y desplegar su potencial. Para Montessori, los principios para educar al niño son los siguientes:

Educar niños independientes

La tarea de los padres y educadores es ayudarlos a realizar sus conquistas personales, como aprender a caminar, correr o su higiene personal. Cuando una madre cuida a un niño hasta el punto de no enseñarle a sostener la cuchara para darlo de comer, no lo educa, sino que lo trata como un títere. Cuando corresponda, los padres deben enseñarlos a desarrollar sus habilidades en vez de realizar el trabajo por ellos. No hay que juzgar la capacidad de los niños en base a su edad, por ello no es preciso impedirle hacer algo basándose en que es demasiado pequeño. Tenemos que mostrar confianza en ellos en cuanto a su capacidad de realizar las tareas más fáciles. Por ejemplo, un niño de dos años es perfectamente capaz de poner el pan sobre la mesa cuando se prepara el almuerzo. Los niños son felices cuando han hecho todo lo posible son capaces de hacer y no se ven excluidos de la posibilidad de actuar. Del mismo modo, tampoco hay que ser rigurosos y forzar al niño a hacer algo, y respetar cuando necesita descansar.

Este respeto a la independencia concibe a los niños como unos viajeros de la vida, y a los adultos como sus guías. Los pequeños son viajeros que observan las cosas nuevas y tratar de comprender hechos y palabras desconocidos del mundo que les rodean. Los padres, actuando de guías de este viaje, ilustrarán a sus hijos y lo encauzarán para que sepan observar las cosas bonitas y beneficiosas de su periplo vital. Igualmente importante, también les enseñarán cuándo no es necesario perder el tiempo en cosas innecesarias. La singladura vital resultará placentera y satisfactoria para el niño

Educación en contacto con la naturaleza

Los niños deben crecer en contacto con la naturaleza el mayor tiempo posible. No es necesario, si el niño es muy pequeño, llevarlo en brazos todo el tiempo. Un niño en medio de la naturaleza tiene mucha más energía de la que piensan sus padres. Que el niño explore mientras los padres lo esperan sin interponerse en su camino. Es el momento de conciencia al pequeño sobre la importancia de cuidar las plantas y animales del entorno, así como de cualquier ser vivo. Que compartimos el planeta con ellos y no tenemos derecho a dañarlos, entre otras razones, porque nuestra supervivencia como especie depende de la de ellos, pues vivimos en una relación simbiótica. El aprendizaje del cuidado de la naturaleza llenará de satisfacción al niño.

Enseñar ecología a los niños es necesario para el cuidado del medio ambienteEl entorno natural también servirá para que los pequeños hagan ejercicio y se acostumbren a la actividad física. El ejercicio es fundamental para su desarrollo, y además les permite desfogar su gran energía, lo que se traduce en una mejora del carácter. Los jóvenes activos que hacen ejercicio, suelen ser más equilibrados y tratables que los inactivos.

Desarrollar los talentos del niño y nunca hablarle mal

El padre o educador debe centrarse en el fortalecimiento y el desarrollo de cualquier actitud positiva del niño, de sus fortalezas y sus talentos. Debe hacerse hincapié en sus capacidades y no en sus déficits; de este modo, en el interior del niño queda menos espacio para los defectos. El padre o educador nunca debe hablar mal del niño, esté o no presente. Un educador debe comportarse como un ángel de la guardia, según Montessori, que observa mucho y no interviene casi nunca, salvo si es imprescindible. El profesor ya no es un maestro a la antigua, que entra en el aula, se sienta, comienza a hablar y a dispersar su conocimiento para que los niños tomen apuntes, y luego se va. Al contrario, debe respetar al niño, sobre todo si comete un error, y guiarlo para corregirse a sí mismo. Evidentemente, el adulto debe intervenir de forma decisiva y firme cuando el niño hace algo peligroso para él mismo o para demás.

En cuanto al entorno escolar, el colegio debe ofrecer al niño un ambiente cálido y acogedor, donde todos los muebles y objetos (sillas, mesas, etc …) son creadas sobre las medidas y necesidades de los niños. Los materiales de capacitación deben diseñarse específicamente, promover el desarrollo intelectual del niño y permitir la auto-corrección del error. El valor principal es la autonomía, que el niño entienda de inmediato si una actividad está mal ejecutada y aprenda la realización correcta. (Lea también. Un niño en un ambiente adecuado en contacto con los materiales adecuados y bajo la guía de un profesor atento y discreto puede experimentar y perfeccionar su inmenso potencial.

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