Se lee en 7 minutos
Educación sexual y discapacidad
Evalúa este post

Educación sexual y discapacidad es un tema controvertido. Hasta hace poco, se limitaba el apoyo al desarrollo sexual y emocional de la persona con discapacidad, se retrasaba o se inhibía su socialización; o se relegaba a los centros de educación especial.

Educación sexual para personas con discapacidad

Nuestra identidad depende, en parte, del entorno en el que estamos inmersos y los estímulos que recibimos desde el exterior. Por ello resulta fundamental para cualquier persona, tenga o no discapacidad, tener oportunidades para socializar con el sexo opuesto. En 1993, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó un documento sobre el derecho de todas las personas con discapacidad a experimentar su sexualidad. Este concepto se reafirma aún más claramente en la Declaración de Derechos Sexuales de la OMS de 2006, que establece que la sexualidad es un derecho de los seres humanos; todos tienen derecho a una sexualidad libre de coerción y violencia, además de:

  • La búsqueda de una vida sexual satisfactoria, segura y placentera
  • Lograr el más alto nivel de salud sexual, incluido el acceso a los servicios de salud para la salud sexual y reproductiva.
  • Buscar, recibir y difundir información y educación relacionada con la sexualidad.
  • Respeto de la integridad física.
  • Libertad de elección del compañero sexual.
  • Decidir libremente la persona si desea o no ser sexualmente activa.
  • Poder mantener relaciones sexuales consentidas.
  • Matrimonio consensuado.
  • Decidir si se quiere tener hijos, y cuándo tenerlos.

Importancia de la educación sexual en el desarrollo

Igual que todos los otros comportamientos humanos, la sexualidad es una faceta de la persona susceptible de aprendizaje, y las personas afectadas por discapacidad pueden recibir formación sobre sexo adaptada a sus circunstancias. Es importante priorizar el concepto de bienestar en lugar de centrarse en el problema, así se puede establecer una intervención concreta desde un enfoque diferente. La educación afectivo-sexual resulta ser una buena herramienta.

La prolongada dependencia de los padres o de la familia, es una de las dificultades que afrontan muchos jóvenes con discapacidad. Los problemas relacionales son a menudo pasados por alto, incluso en el enfoque clínico, pero estas personas necesitan relaciones, porque cuando experimentan una falta de ellas, a menudo se sienten aislados y excluidos. En la adolescencia, el intelectual discapacitado puede desarrollar una autoimagen de persona incapaz. Este sentimiento de desconfianza le lleva a un estado de indefensión aprendida, y en ocasiones da lugar a trastornos de tipo ansioso-depresivo. La inseguridad de su autoestima les lleva a experimentar dificultades prácticas en la construcción de sus relaciones sociales.

En la peor de las situaciones, las personas se pueden refugiar en fantasías compensatorias a las dificultades y, en ciertos casos, se abre una peligrosa vía de entrada en la psicosis. Sin embargo, incluso a través de un camino difícil y largo que incluye frustraciones, existen innumerables ejemplos de personas que, incluso con discapacidad intelectual, son capaces de desarrollar una capacidad adecuada para tener una vida amorosa y sexual plena de satisfacción.

Educación afectiva y sexual para discapacitados

Al hablar de la sexualidad y la discapacidad, podemos decir que hay un cambio cultural en curso en la sociedad, y empiezan a desaparecer ciertos tópicos (muy lentamente). Dos muy extendidos se contradicen: por un lado, se consideraba que una persona con discapacidad es una especie ser angélico indiferente a la sexualidad o, el tópico opuesto, que al discapacitado lo embarga un apetito sexual insaciable. Por la persistencia de tantos lugares comunes sobre sexualidad y discapacidad, la concienciación pública resulta insuficiente para que discapacitados y familias puedan aprender a abordar la cuestión por la falta de herramientas adecuadas, salvo cuando ocurre una emergencia real.

La educación afectivo-sexual, acompañada del apoyo familiar, permite alcanzar la madurez emocional de las personas, y las hace conscientes de sus necesidades y las de los demás. Quienes reciben estas pautas, también y aprenden a manejar las experiencias emocionales y relacionales con el prójimo. Esta son las características de un buen programa de educación afectivo y sexual para cualquier persona (con o sin discapacidad). Este enfoque educativo no elude que existen controversias, a nivel social o académico, sobre cuestiones éticas en relación con el bienestar sexual de todos, incluidos los discapacitados.

Problemas respecto a la educación sexual y discapacidad

A menudo entendemos la discapacidad de forma muy general, donde se consideran juntos en una especie de cajón de sastre una serie de patologías muy diferentes entre sí. Es importante distinguir entre las personas con incapacidad física y las que tienen problemas cognitivos, ya que implicará un enfoque bastante diferente. Dentro de ambos grandes grupos existen subcategorías y grados de discapacidad, que afectan de forma distinta a la sexualidad de la persona.

En el primer caso nos encontramos ante problemas que afectan a la funcionalidad, mientras que en el segundo caso se trata de problemas que afectan a la responsabilidad a la hora de abordar la sexualidad. En las discapacidades cognitivas la actuación educativa pondrá de relieve las cuestiones relacionadas con el conocimiento y la comprensión de la sexualidad en sí.

Sexualidad y discapacidad física

En el caso de la discapacidad física, los límites funcionales del cuerpo pueden afectar negativamente la auto imagen de la persona con discapacidad, y también su sexualidad. En general, aunque cada caso debe analizarse individualmente, se puede decir que algunos déficits orgánicos pueden dar lugar a alteraciones en el proceso de la erección o excitación. En el caso de una mujer, podría crear una dificultad en la lubricación y, por lo tanto, reducir las posibilidades de alcanzar el orgasmo.

Sin embargo, existen remedios que permiten, incluso en casos de dificultad de lubricación o de erección, conseguir una relación sexual satisfactoria; siempre dependiendo del tipo y grado de discapacidad. También se deben diferenciar los casos en relación al momento de la aparición de la discapacidad: puede ser una condición presente desde el nacimiento, pueden ocurrir durante la adolescencia; surgir antes de constitución de la pareja, o después. Estas cuatro situaciones producen efectos muy diferentes entre ellas, y cada una de precisa abordarse de una forma específica.

Sexualidad y discapacidad mental y cognitiva

Las familias a menudo tienen miedo de abordar el tema de la sexualidad, sobre todo en el período crítico de la adolescencia. La sexualidad es más bien un comportamiento aprendido, y como tal debe ser enseñado. Es obvio que para abordar el tema de la sexualidad con una persona con discapacidad mental, unas herramientas serán más adecuadas que otras. Desde hace pocos años, los niños discapacitados son colocados en clases con sus compañeros no discapacitados, y ya pueden acceder al mismo nivel de información sobre sexualidad, lejos del viejo paradigma educativo de apartarlos en clases especiales.

Igual que en el caso de la discapacidad física, en la mental es preciso distinguir si es leve o grave para ajustar las herramientas educativas. Cuando más grave sea la discapacidad, las herramientas educativas serán más sencillas. Con respecto a la discapacidad cognitiva, es necesario el uso de programas específicos, lo suficientemente flexibles para adaptarse a las necesidades de las personas, teniendo en cuenta las diferentes características de cada tipo de discapacidad. La educación afectiva de la persona, el desarrollo de habilidades de comunicación, el conocimiento de sus recursos y sus límites, son los pilares en los que se basa la organización de su futura vida adulta, las relaciones románticas y la vida sexual.

Artículos Relacionados

Hacer Comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.